Gracias
a un interesante estudio sobre cultura y gastronomía, Cuisines
of Portuguese encounters de Cherie Hamilton, un antropóloga estadounidense,
venimos a enterarnos que después de cuatro siglos de navegaciones
portuguesas y de una globalización que poco tiene que ver
con la actual, los llamados platillos de las excolonias lusitanas,
pocas
veces resultan tan “nacionales”como se cree.
Los
portugueses, acostumbrados en sus emprendimientos de ultramar a mezclar
ingredientes propios y ajenos,
fáciles de
almacenar, transportar y conservar, llevaron por África, América
y Asia su culinaria que, enriquecida por los hábitos e ingredientes
del lugar, hizo surgir platillos que, con variantes, todavía recuerdan
la receta original. Tal es el caso del sarapatel originario
de Goa, pero que con modificaciones puede ser degustado en China o en
Ceará: la añorada canja de
la casa materna que fue llevada a Brasil de Malasia: la feijoada,
de origen portugués y tan brasileña en su fama, se prepara
con el mismo nombre y variando los ingredientes en Mozambique, Goa, Macao,
Timor Oriental y Cabo Verde, donde se la conoce también como cachupa
rica. Pero en ese ir y venir de ingredientes también
se exportaron nombres, como el obbé angoleño
que, transportado a Brasil, se internacionalizó con el nombre
que allá se le da, caruru,
uno de los nombres del quiabo o quimbombó,
su ingrediente característico.
Maria Auxilio Salgado.